jueves, 1 de diciembre de 2011

El acorazado Potemkin, ¿cine o propaganda?

Un clásico de la historia de la cinematografía con el que comenzar este apartado de análisis e historia fílmica.
Para abrir boca: la secuencia de la escalera de Odessa... (me suena que Brian de Palma se inspiró un poquito en ella para su escena de las escaleras de Los Intocables). Al final del documento encontraréis una sorpresa interesante...



Cuando los bolcheviques toman el poder en 1917, el cine ya había cautivado a los rusos. El cine mudo significó gran atracción para el gobierno revolucionario debido a que las dos terceras partes de la población era analfabeta y la imagen sería de gran utilidad para crear la conciencia popular.

En 1919 se nacionalizó la industria cinematográfica y se crea la primera escuela estatal de cine. La perspectiva política se confundía con la artística, entrando en conflicto la necesidad de experimentación artística con el objetivo de utilizar el cine como propaganda política.

De esta escuela surge Lev Kulecheiv, a quien se le ha considerado como el padre del cine soviético, siendo un gran defensor del cine como expresión artística. Su importancia superó a sus propias películas, debido a que sus aportes teóricos al arte del cine fueron de importante influencia para los cineastas de la época.

Muchos de los directores surgidos en ese momento tenían como concepción que la forma superaba al contenido, por lo tanto las autoridades soviéticas comenzaron a ver sus obras como inaccesibles para el público masivo.

Entre este tipo de directores se encontraba Eisenstein, que tenía la idea de que un país revolucionario debería tener una cultura revolucionaria.


Después de poner fin a su carrera teatral y de realizar dos cortos, filmará su primer film La Huelga (1925). En esta película el acento está puesto en las imágenes con una clara intención de captar y encauzar las emociones del espectador. La película estaba consagrada al movimiento obrero revolucionario y carece de héroes individuales que se destaquen sobre la masa. Esto estaba de acuerdo con las reglas que imponían las autoridades, quienes rechazaban la concepción individual del mundo, por lo tanto las películas deberían carecer de personajes que mostrasen sus perfiles psicológicos o sus conflictos interiores. Su siguiente film sería una gran obra maestra El Acorazado Potemkin (formaba parte de ocho episodios que conmemoraban el XX aniversario de la revolución de 1905, pero Eisenstein se centró en un acontecimiento histórico referido al amotinamiento de la tripulación del Potemkin). Potemkin, considerada hasta el día de la fecha como una de las mejores películas de todos los tiempos. Por lo que se puede extraer de sus escritos, la preparación técnica de esta película fue rigurosa y reflexiva y los efectos fueron calculados con gran esmero.


El montaje cinematográfico logra aquí su más estremecedora elocuencia; la rapidez, la precisión, la agudeza, el contraste de El acorazado Potemkin están ahora complementados con la música de Prokofiev; se trata de una estructura audiovisual de un poderío sobrecogedor.

Odessa, junio de 1905, a bordo del acorazado Potemkin las relaciones entre la tripulación y el mando son muy tensas. Cuando se les intenta dar de comer carne podrida, estalla un motín que triunfa en la nave y depone a los oficiales. Al arribar el Potemkin al puerto de Odessa, los marineros animan a la gente, harta como ellos de la represión estatal, a seguir su ejemplo y liberarse de la tiranía zarista. Pero las tropas gubernamentales llegan a la ciudad provocando una masacre ante la ira y la desesperación del pueblo. Los cañones del Potemkin abren fuego contra el cuartel general del mando zarista y los destruyen. Sin embargo, el acorazado debe zarpar, pues una gran flota se dirige a Odessa para apresarlos. Cuando encuentran a sus perseguidores, la tripulación de los barcos ha desobedecido las órdenes y pretende unir sus fuerzas a las del Potemkin en su lucha para derribar al zar.


Basada en hechos reales, la película está narrada con soberbia maestría por el padre del cine ruso y uno de los grandes maestros del cine mundial, Eisenstein. Pese a ser este un trabajo "propagandístico", no deja de ser una clase magistral sobre el montaje, el movimiento de la cámara  y la narración, con escenas míticas como la de la escalera de Odessa, que sería después copiada como esquema para resolver secuencias de acción por infinitud de directores, siendo copiada casi plano por plano por Brian de Palma para su película Los Intocables de Elliot Ness. Técnicamente, una película a años luz de lo que en aquellos momentos se hacía. Es una película fundamental en la historia del cine, estando siempre de las primeras en todas las listas de las mejores películas de la historia del cine. Por tanto, se puede decir que aunque evidentemente se trata de un arma de propaganda de carácter gubernamental, ello no exime sus cualidades cinematográficas que, de hecho, le aportan mayor eficiencia a los intereses persuasores que subyacen en ella.

El filme está organizado, como las tragedias griegas, en cinco actos. El cuarto, que corresponde al ataque de las fuerzas del zar en las escalinatas del palacio de Odessa, es uno de los grandes hallazgos estilísticos de la historia del cine. Con 1300 planos y sólo dos travellings, el movimiento viene dado por la acción de los personajes en liza opresores bajando las escalinatas, oprimidos intentando subirlas) y el montaje. La tensión dramática ascendente está provocada por la dilatación temporal (el  tiempo cinematográfico es mayor al real) y la reconstrucción del escenario. Eisenstein crea un espacio imaginario que surge con la acumulación de los planos.

Para Eisenstein, principal artífice del formalismo, el arte era pura transformación. Consideraba el montaje la materia prima y fuerza creadora del cine; la unión de elementos genera conflicto (de dirección, escala, profundidad...); una idea no expresada se manifiesta por colisión o choque.

En conclusión, considerar esta obra maestra del cine tan sólo como un objeto propagandístico resulta cuanto menos inocente. Hay que tener en cuenta que muchas de las películas que vemos en la actualidad esconden intereses socializadores y que esta ha sido una constante a lo largo de la historia del cine. No es extraño ver películas sobre la guerra y su “importancia” después o inmediatamente antes de un conflicto bélico, reposiciones sobre la Segunda Guerra Mundial que mantengan a la sociedad alerta frente a los enemigos y que justifiquen la actuación histórica de sus creadores, con películas como Pearl Harbour. Películas como Oficial y caballero son un claro ejemplo de películas de carácter propagandístico encubiertas en una maravillosa historia de amor en las que subyace la idea de: “¡alístate en la marina, tu país te necesita!”. O producciones como Armaggedon o Independence day, descarados ejemplos de que la propaganda ha existido y existirá en el cine, como ha existido en todas las artes a lo largo de la historia.


Si habéis llegado hasta aquí os merecéis este vídeo homenaje a esta gran película.


6 comentarios:

  1. Muy curiosa la comparación con otras películas....ahí se deja ver la importancia cinematográfica de 'El Acorazado..'

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  2. Esta claro que adentrarse en esta obra sin cierta cultura o preparación previa puede resultar árido. De ahí la relación directa con las muchas películas que la homenajearon y supieron darle un toque de modernidad a sus hallazgos.

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  3. Gusanos y más gusanos. Así comienza un motín.
    Ahora comemos gusanos invisibles... y aunque la digestión alarma, continuamos la rutina en el malestar invisible.

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  4. Un poco de ánimo Jacob. Justo no he puesto las imágenes de los gusanos en la comida. Sino la tensión del plano de la escalera.
    ¿Qué podrías comentar de los ejemplos?

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  5. Muy bueno, me resolvió un trabajo del grado ;)

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  6. No sabía que esta película había inspirado a tantas otras y a tantos directores. Da la sensación que a los directores actuales, con muchos mas medios técnicos no son tan originales ni ocurrentes como lo eran los pioneros del cine

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